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“Project 2025, la biblia a seguir. El plan de la administración Trump-Musk no
se queda ahí: está
ejecutando la línea marcada por el Proyecto 2025, la agenda negacionista que Trump dice no
seguir –aunque sus acciones muestran lo contrario–
y que ha sido financiada por familias y
empresas multimillonarias relacionadas con los combustibles fósiles. Entre otros, el Proyecto 2025 describe a
la NOAA
como una “operación colosal” que ha sido “uno de los principales impulsores
alarmistas del cambio climático”, una
postura que consideran perjudicial para la prosperidad futura de EE. UU.
La
recomendación por parte de la agenda negacionista es clara: privatizar
los servicios meteorológicos del Servicio Meteorológico Nacional. Aunque los despidos
masivos de
la NOAA no
equivalen a su desmantelamiento total, exfuncionarios
de la NOAA han confirmado a CBS NEWS que esperan
recortes presupuestarios del 30% y una reducción del 50% en el personal. El capítulo del Proyecto 2025 dedicado
a la NOAA fue escrito por Thomas
Gilman, quien fue secretario adjunto de Comercio y director financiero del Departamento
de Comercio de Estados Unidos durante la primera administración de Donald
Trump. Esto no tendría
importancia si no fuese porque la NOAA
se encuentra dentro del Departamento
de Comercio, lo que indica, de nuevo, la influencia del Proyecto 2025 en las políticas y decisiones del
presidente estadounidense.
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TRUMP
Y MUSK CONTRA EL MUNDO (CIENTÍFICO Y CLIMÁTICO).
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Por Diego Ferraz Castiñeiras | 21/03/2025 | Ecología social
Fuentes.
Revista Rebelión viernes 21 de marzo del 2025.
Fuentes: Climática
[Foto: Gage Skidmore (Trump)]
En las últimas semanas, miles de personas de los equipos de la NASA y la Oficina Nacional de
Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) han sido despedidas por el
departamento de eficiencia de Elon Musk. A estos recortes se les suma el boicot
iniciado por Trump contra el IPCC y el desmantelamiento de
regulaciones climáticas a través de la Agencia de Protección Ambiental.
El
presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el responsable del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), Elon Musk, han empezado a desmantelar y boicotear cuatro de
los organismos científicos y
climáticos más importantes del país y del mundo bajo el pretexto del ahorro
económico: la NASA, la NOAA, el IPCC y
la EPA.
La principal damnificada está siendo la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), encargada, entre otras cosas, de monitorizar diariamente los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. Hasta la fecha, más de 2.000 empleados de la mayor administración climática de Estados Unidos han sido despedidos. La purga está encabezada por el DOGE, la oficina de nueva creación del multimillonario Elon Musk y cuyo cometido es reducir el tamaño y mejorar la eficiencia del Gobierno. Esta decisión afecta a la capacidad de la NOAA para monitorear fenómenos climáticos y oceánicos cruciales como huracanes, tsunamis y pronósticos meteorológicos. La eliminación masiva de personal pone en riesgo la precisión de las predicciones meteorológicas y la seguridad pública.
Nikhil Rajpal, un ingeniero
informático que ha trabajado en Tesla
y Twitter (ambas empresas de Musk),
es el encargado de estos despidos. Aunque
carece de conocimientos sobre clima,
Rajpal lidera el proceso, lo que ha
generado críticas sobre la falta de criterio y el posible conflicto de
intereses. Asimismo, cabe destacar que el supuesto objetivo de DOGE es lograr que el Estado sea más eficiente. Sin embargo, este movimiento de reducción de hasta un 20%
en la plantilla ya ha sido criticado por empresarios del sector
privado de la
meteorología y empresas
relacionadas, ya que utilizan los propios datos que les proporciona la NOAA para el desarrollo de su actividad.
Consecuencias de los despidos
A raíz de los despidos, secciones de la NOAA ya han cortado sus comunicaciones debido a los recortes de personal y se han interrumpido actividades esenciales, como el lanzamiento de globos meteorológicos en Alaska, lo que afectará a las predicciones de huracanes. Paradójicamente, esto sucede justo cuando la NOAA había alcanzado un récord de precisión en la predicción de trayectorias de huracanes el año pasado, lo que subraya la gravedad de los recortes. La falta de personal también ha llevado a la reducción de las capacidades de las oficinas del Servicio Meteorológico Nacional (NWS), donde 11 de las 38 oficinas en el centro del país enfrentan una escasez crítica de empleados.
De
forma irónica, la
portavoz de la NOAA, Andrea Kopit, declaró que dejan a las campanitas de viento (un
objeto decorativo que, al moverse con la brisa, produce un sonido suave) como el único predictor de la llegada de
huracanes.
No
obstante, el intento de Trump de deteriorar la calidad y reputación de la NOAA no es nueva. En septiembre
de 2019, el líder republicano presentó ante la
prensa en el despacho oval de la Casa Blanca un mapa de la agencia en el que se
mostraba la trayectoria del Huracán Dorian, afirmando que este impactaría en
Alabama. Sin embargo, ese mapa
había sido alterado. La NOAA, dos días después, respaldó la
declaración del presidente, lo que desató el escándalo conocido como Sharpiegate.
Un
informe interno
desveló que Neil Jacobs, entonces
responsable de la NOAA, había sido el artífice de la
manipulación. Asimismo, concluyó que no se tomarían sanciones contra Jacobs, quien violó los principios de integridad e imparcialidad
científica de la NOAA. Cabe destacar que modificar
pronósticos oficiales es ilegal en Estados
Unidos. Sin embargo, aquello
no tuvo ninguna consecuencia para Jacobs, que ha sido nombrado por Trump para volver a liderar la NOAA durante esta legislatura.
Y
no acaba aquí
la complicada relación de Trump
y los republicanos con los huracanes y
la NOAA. Durante el año pasado, cuando el Huracán Milton se dirigía
hacia Florida, varios congresistas republicanos se encargaron de difundir
desinformación y teorías de la conspiración
como la de que los huracanes eran creados artificialmente mediante la manipulación climática y que atacaban principalmente a los Red States, los Estados Republicanos. De hecho, una congresista republicana señaló directamente a la NOAA y sus empleados como responsables de esta
modificación climática.
NASA, IPCC y EPA, los siguientes
El
otro gran organismo estadounidense que ha empezado a sufrir los recortes de Musk y Trump es la NASA. Este lunes, una veintena de empleados fueron despedidos “en cumplimiento de una Orden Ejecutiva”, asegura a Climática un
portavoz de la agencia espacial.
“Si son elegibles, esos empleados pueden optar por participar en la
Autoridad de Retiro Anticipado Voluntario (VERA)
o completar el proceso de RIF (como
llaman al proceso de reducción de personal)”.
Esta
decisión provoca
el cierre de tres oficinas de la NASA: la Oficina del Científico Jefe; la Oficina de
Tecnología, Política y Estrategia; y la rama de diversidad, equidad, inclusión y accesibilidad de su Oficina de
Diversidad e Igualdad de Oportunidades. La Oficina del Científico Jefe, en funcionamiento
desde 1982, estaba dirigida por Katherine
Calvin, nombrada en 2022 bajo el mandato de Joe
Biden como científica jefe de la NASA y asesora principal sobre el clima del Administrador Bill Nelson.
Este,
además, no ha sido el único revés al que se ha enfrentado
recientemente Katherine Calvin. Como copresidenta de uno de los grupos de
trabajo del IPCC, la científica debía acudir en febrero a China para preparar los próximos
grandes informes del panel climático. Sin embargo, el Gobierno denegó el permiso de asistencia a
funcionarios estadounidenses, entre ellos, Calvin.
Esto
último no es un
hecho aislado ni casual. Una de las primeras decisiones que tomó el negacionista climático Donald Trump
al llegar al cargo fue sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París, el pacto climático más importante del mundo. Ahora, el siguiente paso ha sido obligar a la NASA a “eliminar contratos
de consultoría no esenciales”, lo que se traduce
en dejar de dar soporte técnico a organismos internacionales, incluido a uno de
los grupos de trabajo del IPCC.
A todo ello se suma el anuncio hecho este miércoles por el administrador de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), Lee Zeldin (recientemente nombrado por Trump), de revisar 31 regulaciones ambientales, incluyendo normas sobre el cambio climático, límites de contaminación y políticas para vehículos eléctricos.
Project 2025, la biblia a seguir
El
plan de la administración Trump-Musk no
se queda ahí: está
ejecutando la línea marcada por el Proyecto 2025, la agenda negacionista que Trump dice no
seguir –aunque
sus acciones muestran lo contrario– y que ha
sido financiada por familias y empresas multimillonarias relacionadas con los
combustibles fósiles.
Entre
otros, el Proyecto
2025 describe a la NOAA como una “operación colosal”
que ha sido “uno de los principales impulsores alarmistas del cambio climático”,
una postura que consideran perjudicial
para la prosperidad futura de EE. UU. La recomendación por parte de la agenda
negacionista es clara: privatizar los servicios meteorológicos del
Servicio Meteorológico Nacional.
Aunque
los despidos masivos de
la NOAA no
equivalen a su desmantelamiento total, exfuncionarios
de la NOAA han confirmado a CBS NEWS que esperan
recortes presupuestarios del 30% y una reducción del 50% en el personal.
El
capítulo del Proyecto 2025
dedicado a la NOAA fue escrito
por Thomas Gilman, quien fue secretario adjunto de Comercio y director financiero del
Departamento de Comercio de Estados Unidos durante la primera administración de Donald Trump. Esto no tendría importancia si no fuese porque la NOAA se encuentra
dentro del Departamento de Comercio, lo que indica, de nuevo, la influencia del Proyecto 2025 en las políticas y decisiones del presidente estadounidense.
Lo que no se nombra no existe
De
forma paralela a
la oleada de despidos y vetos,
la administración Trump ha emprendido una cruzada para borrar la evidencia científica sobre el
cambio climático:
– Ha borrado un portal
sobre el clima en el sitio web del Departamento de Defensa.
– Ha
eliminado la sección principal sobre cambio climático en la web del Departamento de Estado.
– Ha
suprimido la página sobre cambio climático en el sitio web de la Casa Blanca.
– Ha
eliminado contenido sobre clima del Departamento de
Agricultura de Estados Unidos.
– Está retirando el apoyo a
las investigaciones que mencionan la palabra “clima”.
– Ha pedido a
la EPA, la
Agencia de Protección Ambiental, que diga que el cambio climático no es un
peligro.
La estrategia
de Trump y Musk frente al cambio climático recuerda a la trama de la película Don’t Look Up (No mires arriba).
El desmantelamiento de agencias
medioambientales y climáticas y la manipulación
de la información científica benefician a las grandes petroleras, mientras
que la respuesta ante el cambio
climático sigue siendo insuficiente. El
futuro de la NOAA, la NASA, el IPCC y la EPA no solo afecta de manera directa a sus propios trabajadores, sino a toda la ciudadanía
estadounidense (y del resto del mundo) que se beneficia de su excelente trabajo.
* Eduardo
Robaina ha participado en
la elaboración de este artículo.
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