&&&&&
“Para
Estados Unidos, los beneficios a corto plazo incluyen una mayor competitividad comercial, la reducción
del déficit de la balanza comercial
y la protección de la industria local, que necesariamente
tendrá un periodo de maduración para
desarrollarse. Sin embargo, los riesgos
son significativos: inflación,
represalias comerciales y pérdida de
confianza en el dólar como moneda de reserva global. Para el comercio
mundial, una guerra de divisas y
aranceles más altos podrían reducir
el comercio global y aumentar la incertidumbre en los mercados financieros. Países exportadores, como China y Alemania, verían reducidas
sus exportaciones, mientras que las economías
emergentes podrían sufrir fugas de
capitales y devaluaciones de sus monedas. Es imperativo para el gobierno de Donald Trump financiar su déficit fiscal. Por lo que obligar a algunos acreedores extranjeros
a canjear sus bonos del Tesoro por
bonos a un plazo muy largo para aliviar la
carga de la deuda trasfiriendo el riesgo
del contribuyente estadounidense
a los contribuyentes extranjeros, es
algo frecuente. Si esta iniciativa puede
mantener bajos los tipos de interés
y debilitar el dólar, se podría
tener resultado en tres sectores importantes: déficit fiscal, comercial y aumentar
los niveles de inversión.
/////
Fuentes: El tábano economista [Imagen: la residencia Mar-a-Lago de la familia Trump. Foto: Bloomberg]
*****
LA NUEVA ESTRATEGIA ECONÓMICA DE EE.UU.
*****
Por Alejandro Marcó del Pont | 24/03/2025 | Economía
Fuente. Revista Rebelión lunes 24 de
marzo del 2025.
Los Bonos del Tesoro americano que tienen los acreedores son, en
esencia, capital disfrazado de deuda o deuda vestida de capital (El Tábano
Economista)
Desde
2014, el predominio unipolar de Estados Unidos comenzó a resquebrajarse. Sus capacidades económicas y
militares ya no coincidían con sus ambiciones globales. La crisis de 2008 marcó el inicio
de un declive económico, tecnológico y militar que hizo insostenible la
estrategia de dominación mundial que había seguido hasta entonces. Las élites estadounidenses no han
renunciado a sus aspiraciones de controlar
los mercados y recursos de Occidente, pero han reconocido que necesitan una nueva estrategia para aprovechar mejor
sus recursos limitados. Esta es la
esencia de la política exterior de Donald Trump: una retirada estratégica del imperialismo tradicional para
reagruparse y redefinir su enfoque.
Sin
embargo, este plan no
está exento de desafíos. Internamente, Estados
Unidos enfrenta disputas brutales,
mientras que, a nivel internacional,
debe lidiar con un mundo que ya no acepta
su hegemonía sin cuestionamientos. Para mantener una política exterior creíble,
el país necesita resolver urgentes
problemas económicos internos, como la deuda pública, y los déficits fiscal y
comercial.
Hay tres indicadores
clave que explican las decisiones del gobierno de Trump y las élites que lo apoyan:
1) La deuda pública: supera el 124% del PIB,
alcanzando los 36,2 billones de dólares.
Los intereses de esta deuda ascienden a 1,3 billones de dólares anuales, superando por primera vez en la historia los
gastos de defensa. Además, aproximadamente
un cuarto de la deuda (8,5 billones
de dólares) está en manos de
acreedores extranjeros.
2) El déficit fiscal: en 2024, el déficit
fiscal equivalió al 6,4% del PIB,
unos 1,8 billones de dólares,
el mayor porcentaje en los últimos 50
años.
3) El déficit comercial: alcanzó los 1,2 billones de dólares, con cinco países responsables de más del 70% de este déficit: China 24.5%%, UE 19.5%, México 14.5%, Vietnam 10.2%,
Taiwán 6%.
Estos
indicadores
revelan una economía bajo presión,
donde la interacción entre las tasas de
interés, el valor del dólar, las políticas
de divisas y la gestión de la deuda
pública es intrincada y delicada, poniendo énfasis en los pagos de intereses de la deuda pública.
El presidente estadounidense presiona a la Reserva para que baje las tasas, pero toma decisiones arancelarias que producirán más inflación y quitan margen de maniobra. Los primeros intentos de Donald Trump para revertir el déficit comercial y negociar con sus socios del T-MEC, China y la Unión Europea, fue de incremento de aranceles. A pesar que no fueron implementados en su totalidad, varios centros de investigación, dentro de los que se encuentra el Peterson Institute, estimaron que sólo los aranceles de Trump a Canadá, México y China costarían al hogar típico estadounidense más de 1.200 dólares al año, es decir, más inflación.
Ante
esta situación, ha
comenzado a circular en la administración Trump
una propuesta audaz: el
Acuerdo de Mar-a-Lago,
que busca una reestructuración forzosa de
la deuda, sugiriendo el canje de bonos
del Tesoro en manos extranjeras por «bonos centenarios» no negociables, con un plazo de 100 años y una tasa de interés cero. El objetivo del Acuerdo sería abordar el doble déficit de Estados Unidos
—el comercial y el del gasto público—
mediante una compleja maniobra que involucra el valor del dólar y las inversiones extranjeras en el país. Se devaluará el dólar y se pondrá fin a la
deuda americana en manos extranjeras en las condiciones actuales.
Esta
idea no
está exenta de riesgos. Los principales tenedores de bonos estadounidenses
son Japón (1 billón de dólares), China (780 mil millones), Reino Unido (723 mil millones) y paraísos fiscales como Luxemburgo e Islas Caimán (843 mil millones). China, por ejemplo, difícilmente
aceptaría un canje que perjudique sus intereses. Japón, por su parte, depende
de la rentabilidad de los bonos estadounidenses para cumplir con sus obligaciones de jubilación, lo
que reduce su motivación para aceptar
bonos de bajo rendimiento.
Gran
parte de los comentarios convencionales sobre el
supuesto acuerdo consisten en señalar que
es difícil para cualquier persona
razonable concebir cómo los términos
de dicho acuerdo podrían ser aceptables
para cualquiera de los socios de
Estados Unidos. Así pues, en lugar de criticar
el plan como si se tratara de un
fallo mental del equipo de Trump,
imaginemos que este «fallo» no es un error, sino una característica.
El objetivo de la visión del «Acuerdo» es crear un gran escenario en el que los Estados Unidos de Trump demostrarán su poder coercitivo para cambiar unilateralmente todos los parámetros básicos de la economía occidental. El hecho de que solo la coerción permitirá a Estados Unidos conciliar las contradicciones entre la depreciación de la moneda, la redefinición de la deuda y la preservación del dólar con el estatus de reserva y disfrazarlo todo de «Acuerdo», es la clave. La coerción abierta y visible disimula los consentimientos, precisamente lo que un Acuerdo de Mar-a-Lago ofrecería.
Las
consecuencias son
variadas, la búsqueda de una moneda
más débil para mejorar la competitividad exportadora podría desencadenar una guerra de divisas,
donde múltiples países intentarían
devaluar sus monedas simultáneamente. Este escenario,
observado durante la Gran Recesión,
podría generar inestabilidad en los mercados
financieros y afectar
negativamente el comercio internacional.
Para
Estados Unidos,
los beneficios a corto plazo incluyen una
mayor competitividad comercial,
la reducción del déficit de la balanza comercial y la protección de la industria local, que necesariamente tendrá un periodo de maduración para desarrollarse. Sin
embargo, los riesgos son
significativos: inflación,
represalias comerciales y pérdida de
confianza en el dólar como moneda de reserva global.
Para
el comercio mundial,
una guerra de divisas y aranceles más
altos podrían reducir el comercio global y aumentar la incertidumbre en los mercados financieros. Países
exportadores, como China y Alemania, verían reducidas sus exportaciones, mientras que las economías emergentes podrían sufrir fugas de capitales y devaluaciones de
sus monedas.
Es
imperativo para el
gobierno de Donald Trump financiar
su déficit fiscal. Por lo que obligar a
algunos acreedores extranjeros a canjear
sus bonos del Tesoro por bonos a un
plazo muy largo para aliviar la carga de la deuda trasfiriendo el riesgo del contribuyente estadounidense a los contribuyentes extranjeros, es algo
frecuente. Si esta iniciativa puede
mantener bajos los tipos de interés
y debilitar el dólar, se podría
tener resultado en tres sectores importantes: déficit fiscal, comercial y aumentar
los niveles de inversión.
La
combinación de aranceles, reestructuración de la deuda, debilitar la moneda y una posible guerra de divisas es una estrategia de alto riesgo. Aunque podría
ofrecer beneficios a corto plazo para Estados
Unidos, también conlleva conflictos significativos para la economía global. La clave para la élite estadounidense será encontrar un equilibrio
entre proteger sus intereses y mantener la estabilidad en los mercados
internacionales, incluso si eso
significa olvidarse temporalmente de la economía nacional.
*****
No hay comentarios:
Publicar un comentario