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“Taiwán. La
primera administración
de Trump adoptó una postura más pro-Taiwán respecto de las relaciones entre ambos lados del Estrecho.
Y esto es parte del esfuerzo de Estados
Unidos por contener a China. Esa
cooperación con Taiwán complica
los esfuerzos del continente por
disuadir a los líderes taiwaneses
de avanzar hacia la independencia de
jure. China podría ser ahora menos condescendiente en este
aspecto. A muchos en Taiwán les preocupa que un acuerdo entre Estados Unidos y China
pueda “vender” a Taiwán. Pero sin
una mayor contención en la cooperación
con Taiwán, China no se lo pondrá
fácil a Trump. Y esa tendencia
dejaría en claro que la política al
uso en este tema no es viable, que
tiene los días contados y que la reunificación,
bajo la fórmula que sea, es imparable. Taiwán está a 90 millas del continente
y no pocas voces claman que debe
encontrar una manera de llevarse bien con el continente. Es Musk contra Rubio, los tiburones contra los halcones. Cualquier cesión sería una muestra
de debilidad de Trump que complicaría la
fortaleza de su activo principal en toda la región, su credibilidad en materia de seguridad. En
el recién publicado
Informe sobre la Labor del Gobierno de
2025 en las “dos
sesiones” chinas, se hace hincapié en «promover
firmemente la causa de la reunificación
de China» sin mencionar la «reunificación
pacífica». Más que un cambio en la
postura de la parte continental quiere
enviar un mensaje de contundencia
a EEUU.
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OCHO
IDEAS SOBRE EL TRUMPISMO Y LA RELACIÓN CON CHINA.
*****
Por Xulio
Ríos | 14/03/2025 | Mundo.
Fuentes. Revista Rebelión viernes 14 de marzo del 2025.
Las que siguen son algunas claves que van definiendo este segundo mandato de Donald Trump al frente de los Estados Unidos. Sus declaraciones y órdenes ejecutivas han provocado una singular agitación tanto en su país como en el mundo y sigue siendo una incógnita el nivel de impacto a largo plazo. Un aspecto determinante afecta a las relaciones con China, su principal competidor.
Liderazgo
Situando
a “Estados Unidos primero”,
lo que Trump viene a sugerir es que
ya no es interés de EEUU el liderar
el mundo en la forma en que lo ha estado haciendo hasta ahora, no que vaya a
renunciar a la hegemonía. Su prioridad es
poner orden en casa y capitalizar la economía
a través de aranceles, captación de inversiones y reindustrialización.
Ello se acompaña de un profundo desprecio por otros países, desbaratando la trascendencia del apoyo
a las organizaciones internacionales,
la ayuda exterior, etc., todo aquello en lo que no identifica valor de retorno
suficiente.
La
narrativa sugerida por el
trumpismo es que ese modelo es
demasiado costoso, insostenible e incluso debilitante pues socava la economía y
merma la capacidad para competir con China. Por tanto, esto se traduce en que,
preferentemente, los objetivos de su Administración
no se van a lograr a través de la cooperación con terceros sino a través de la imposición pura y dura de la
política que más le convenga. Paradójicamente,
esto supone que el interés de terceros
por cooperar con EEUU
también se desinflará y el recurso alternativo a China emergerá por su propio
peso.
¿Dónde
encontrará EEUU los fondos para revitalizar la economía o la infraestructura? No lo tiene fácil. Por ejemplo, en
2023, China produce cerca del 50% de los barcos del mundo. Estados Unidos ya no tiene una industria
de construcción naval; sólo produce alrededor del 0,5%. En las tres últimas décadas, China se ha convertido en la potencia mundial dominante en la
producción de buques. Revertir esto no es
tarea fácil: necesita una industria siderúrgica fuerte, que en Estados Unidos lleva entre 25 y 30 años
languideciendo.
Declive
Pese a los alardes de poder desde el Despacho Oval, lo cierto es que el declive de EEUU es un hecho y sus manifestaciones, como la citada, son elocuentes. Más allá del empeño de Trump, Estados Unidos lo tiene muy difícil para remontar la desindustrialización. No se reactiva la industria solo con dinero. Hacen falta especialistas, con los que ya no cuenta. China produce el 65 por ciento de los graduados en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas del mundo. Y la deuda nacional es de más de 36 billones de dólares, muy superior a su PIB y acumulada gracias a la condición del dólar como moneda de reserva mundial. El problema de la deuda de Estados Unidos es peor que el de China, que sigue creciendo al doble de velocidad que Estados Unidos. Aquí, la deuda federal está devorando la economía. Los intereses representan aproximadamente dos tercios del presupuesto federal estadounidense.
China representa el 35 por ciento de la industria
manufacturera global, pero en 2030
alcanzará el 45 por ciento, la misma
proporción que ostentaba Estados Unidos
al final de la segunda guerra mundial. Ninguno de los puertos más avanzados del mundo se encuentra en Estados Unidos. El puerto estadounidense más eficiente, el de Charleston, ocupa el puesto 53 en el ranking mundial
de eficiencia portuaria.
Como
cuenta Raúl Zibechi, en 1980, China solo era el principal socio comercial de Yemen. Hasta 2001, cuando se unió a la Organización Mundial del Comercio, el 80 por ciento de los países del mundo
comerciaban más con Estados Unidos
que con China. En 2024, dos tercios de los países (128 de 190) comercian más con China
que con Estados Unidos. Y 90, casi la mitad de los que integran
las Naciones Unidas, comercian con China el doble que con Estados Unidos. Las exportaciones a Estados Unidos ahora representan solo el
15 por ciento de los envíos totales de
China, frente al 20 en 2018. La participación de China en las exportaciones mundiales fue del 14 por ciento en 2023,
frente al 8,5 de Estados Unidos…..
Este
declive manifiesto es la fuente de
ese resentimiento con el mundo exterior. La
hegemonía en los términos conocidos no es sostenible y eso obligaría a la Casa Blanca a diagramar una estrategia internacional acorde a sus capacidades renegociando los
acuerdos, ya sean comerciales o
financieros, que sustentan el orden de posguerra. Lejos de eso, el rechazo
de las relaciones establecidas con sus propios
aliados y las instituciones internacionales minan la confianza de todos.
Por tanto, esa negativa a renegociar manteniendo el apoyo al sistema establecido se traduce no solo en el desconcierto reinante sino en la falta de voluntad de hacer espacio a China y otros actores relevantes para redefinir este orden. Simplemente se está retirando por completo, no solo de la financiación sino incluso de la participación como se aprecia en la actitud ante la OMS o la OMC y otros. Es más, la Casa Blanca impone a la Unión Europea la dependencia absoluta o la humillación, una actitud que contrasta con la posición china de proponer y negociar acuerdos que aseguren cierta estabilidad global. Quien más socava hoy día el orden internacional es EEUU.
La corte de Trump: entre tiburones y
halcones
Como
buen patrón, ya
en su primer mandato, Donald Trump
mostró muy poca consideración del entorno funcionarial como también de la red
política y militar que sustenta la Casa Blanca o el Pentágono. En este segundo mandato, es diáfano que
a quien más respeta es a los empresarios de éxito, ya sea en Wall
Street, en el sector inmobiliario
de Nueva York o en el sector
tecnológico de California… y Elon
Musk es una de esas personas. Este cuenta con autoridad ilimitada para despedir
a la gente a voluntad sin consultar aparentemente ni al presidente, ni a los miembros del Congreso ni del Senado.
Se trata de alguien que no ha sido
elegido, ni confirmado por el Senado, sino solo un amigo financieramente generoso con su campaña. Serán estos “tiburones” quienes llevarán la batuta en buena parte de las políticas diseñadas
por su administración con preferencia por la negociación dura. En
contraste, los “halcones”, más
alineados con los posicionamientos más tradicionales, seguirán bregando por la
estrategia de “paz a través de la
fuerza” sin descartar el desempeño de
posturas más abiertamente agresivas.
Tecnología, economía, seguridad
No
es que la seguridad
vaya a ser descuidada, pero tanto en el caso de EEUU como de China, la
prioridad se centra a corto plazo en las cuestiones
tecnológicas y económicas. Para las autoridades chinas, lo más
importante es que su economía siga creciendo y desarrollándose. Para Xi Jinping, la clave reside en la
estabilidad a través de la preservación del liderazgo del PCCh y una economía al alza, de ahí los gestos recientes para implicar más al
sector privado y al empresariado.
Cabe
pensar que, a pesar de sus
tensiones, la economía china seguirá creciendo más rápido que la
estadounidense. Esa es la tendencia para los próximos diez a veinte años, con altas
probabilidades de consumar el sorpasso. Mientras, la brecha de poder entre Estados Unidos y China seguirá
reduciéndose. El ejército chino
crecerá más rápido que el estadounidense.
Todo ello aumentará el riesgo de conflicto,
aunque no necesariamente tiene que desembocar
en hostilidades abiertas.
En Europa, por el contrario, su dirigencia parece invertir las prioridades y apuesta por fortalecer la seguridad instando un rearme de destino incierto. A la postre, lo más probable es que serán las fuerzas de extrema derecha en auge las que gestionarán esas nuevas capacidades realineando de nuevo las políticas continentales con las del otro lado del Atlántico. Es erróneo pensar Estados Unidos se desentiende de buscar el control de Europa y jugará a convertirse en el principal beneficiario de sus decisiones.
La Unión Europea. aislada y abandonada. La OTAN ¿desaparece?
*****
Aliados
El
actuar de Trump
indica que su atención se va a centrar en
los únicos países que respeta, aquellos que considera importantes porque
pueden influir en Estados Unidos. Sobre todo,
China, aunque también Rusia, a otro nivel. Pero, paradójicamente, quema puentes con países
que podrían ser valiosos para competir con China. En esta línea, la OTAN
sería importante. La UE también lo
es para la cooperación en materia de comercio
y tecnología. Pero está tan centrado en pasar factura que la estrategia global se agrieta ostensiblemente.
Asegura
Robert Ross, profesor de ciencias políticas en el
Boston College y asociado del Centro Fairbank de Estudios Chinos de la Universidad
de Harvard, que, si Donald Trump
continúa con su política hacia Europa, los europeos no tendrán otra opción que cooperar con China para estabilizar el sistema. No se trataría necesariamente de crear un nuevo sistema, un nuevo orden que refleje los valores o
intereses chinos, sino de una
reforma del sistema actual para abrir espacio a China, reflejando mejor su
nuevo status manteniendo el compromiso con la estabilidad global.
Ahora
mismo, si las cosas no
se tuercen, el mundo dependerá más
de China que de Estados Unidos quizá más pronto de lo previsto. En lugar de
contenerla, lo que puede lograr es
acelerar su auge. Si la política estadounidense hacia Europa y los demás países industriales avanzados
continúa, estos países estarán menos inclinados a resistirse a la
cooperación comercial con China. Es
previsible una mayor cooperación
entre China y Europa, con el Sudeste Asiático o Corea del Sur, y eso
afianzaría el orden comercial
internacional y las instituciones multilaterales en contra de los intereses
de Trump.
China está lógicamente preocupada por la posibilidad de
que Estados Unidos pueda usar su
poder para influir en la actitud de
los países europeos y otros. Con la guerra tecnológica, los Países Bajos están restringiendo la cooperación con China. Lo mismo hace Corea
del Sur y Japón. Y China está intentando compensar la diplomacia estadounidense en Europa y otras partes. Pero las posibilidades de crear una coalición
comercial y tecnológica compuesta por Europa, Corea del Sur, Japón y otros países, que sería muy perjudicial para la economía china, se debilitan con
Trump.
Está
dinámica está mermando
el poder blando estadounidense
a gran velocidad. EEUU es visto hoy como un país que no quiere contribuir
al bienestar del mundo.
También es poco lo que puede ofrecerle.
Y eso socava seriamente la capacidad
para lograr sus objetivos a través de la cooperación.
Trump y el fin del Multilateralismo.
*****
Multilateralismo
En
el plano multilateral, la
administración Trump es un regalo para China
porque el neoaislacionismo estadounidense le está ayudando. La reducción del papel de Estados Unidos en las organizaciones internacionales proyecta y
realza a China. Los conflictos comerciales y de seguridad con los aliados, favorecen
a China. De modo que, multilateralmente, Estados Unidos se está disparando en su propio pie. Por
el contrario, la posición de China representa una muestra inequívoca de su ascendente
poder blando aun entre aquellos que
mantienen una distante reserva.
Asia es la clave
El
ascenso de China en
la distribución del poder en Asia representa
una preocupación para Estados Unidos que podría desembocar en un conflicto entre grandes potencias. Washington trata de mantener ese
dominio, pero la hipótesis de un
inminente liderazgo compartido se antoja
inexorable; es más, se diría que
la transición de poder es una realidad
que evoca conflictos de intereses que podrían manifestarse en un aumento de las
hostilidades.
Importa
destacar que a
diferencia de la Guerra Fría en la
que los dos bloques enfrentados
apenas cooperaban, en esta Asia no
es así. La Unión Soviética no tenía
una economía abierta, pero China sí
la tiene. En esta región, la
preocupación por el estallido de una guerra a instancias de China es más bien remota por más que se aticen las tensiones en el Mar de China Meridional o en el Estrecho de Taiwán. La cooperación económica aporta una gran fluidez y dinamismo a la región
con China en el epicentro.
Los
países de Asia que
viven cerca de China y dependen de
su economía, se están volviendo cada
vez más cooperativos con China
porque Estados Unidos es menos
confiable. No se van a alinear con China,
no van a convertirse en parte de su
hipotética esfera de influencia,
pero se están alejando de alinearse con Estados Unidos. Si nos
fijamos en los gobiernos del este de Asia,
sólo cuatro de ellos no están cooperando con China hoy día: Corea del Sur, Taiwán, Japón y Filipinas. Y sin embargo, de esos cuatro, tres de ellos tienen
gobiernos inestables, con cambios constantes en sus políticas.
A EEUU solo le queda en Asia oriental un aliado fiable: Japón.
Pero para el crecimiento de Asia, es China la más importante.
Y
si la competencia
entre Estados Unidos y China se
dilucida en esta región, la pregunta
clave es si habrá acuerdo o enfrentamiento con China. En este sentido, pueden interpretarse
los movimientos de Trump
como un intento de resolver primero
las diferencias con países vecinos
y aliados como un ejercicio de
preparación del terreno para posteriormente
enfrentar o contener a China. No
obstante, sería fundamental que la confianza de EEUU y sus aliados no se
viera socavada por las actuales
tensiones, lo cual aseguraría
la implicación en esta estrategia. Pero el riesgo de que Europa y otros consideren el mercado chino más imprescindible afectará a la capacidad estadounidense de enfrentarse a China.
En
el mundo, China es
bien recibida como contribuyente al
desarrollo económico y a la construcción de infraestructuras. Ese
reconocido papel la instituye cada vez
más como principal potencia
económica y la más constructiva. A diferencia de Estados Unidos, como potencia en declive, China se ve impulsada por el actual sistema por lo que, más allá de
ajustes, no está necesariamente
interesada en cambiarlo de forma radical. Y esa es, en gran medida, la razón por la que EEUU quiere desprenderse de él pues
contribuye al ascenso de China y
eso significa el declive de
Estados Unidos.
Estados
Unidos no admitirá sin más que China se vuelva demasiado poderosa, hasta el punto de representar una
amenaza para su hegemonía. El reto
es estabilizar su relación como dos
grandes potencias y ganar tiempo. Estados
Unidos no va a desaparecer
y China seguirá creciendo. Trump
quiere un nuevo acuerdo comercial
con China que evite un agravamiento de la guerra comercial pues también sería muy perjudicial para la economía estadounidense. China también quiere encontrar formas de estabilizar esta
relación. Esperan un acuerdo comercial que en absoluto será fácil de lograr.
En junio, si se confirma la cumbre Trump-Xi, sabremos cuál tendencia prima.
Taiwán
La
primera administración
de Trump adoptó una postura más pro-Taiwán respecto de las relaciones entre ambos lados del Estrecho.
Y esto es parte del esfuerzo de Estados
Unidos por contener a China. Esa
cooperación con Taiwán complica
los esfuerzos del continente por
disuadir a los líderes taiwaneses
de avanzar hacia la independencia de
jure. China podría ser ahora menos condescendiente en este
aspecto.
A
muchos en Taiwán les
preocupa que un acuerdo entre Estados
Unidos y China pueda “vender” a
Taiwán. Pero sin una mayor contención
en la cooperación con Taiwán,
China no se lo pondrá fácil a Trump.
Y esa tendencia dejaría en claro que
la política al uso en este tema no es viable, que tiene los días contados y que la reunificación, bajo la fórmula que sea, es imparable. Taiwán está a 90 millas del continente y no pocas voces claman que debe encontrar una manera de llevarse bien
con el continente. Es Musk contra Rubio,
los tiburones contra los halcones. Cualquier cesión sería una muestra
de debilidad de Trump que complicaría la
fortaleza de su activo principal en toda la región, su credibilidad en materia de seguridad.
En
el recién publicado
Informe sobre la Labor del Gobierno de
2025 en las “dos
sesiones” chinas, se hace
hincapié en «promover firmemente la
causa de la reunificación de China»
sin mencionar la «reunificación
pacífica». Más que un cambio en la
postura de la parte continental quiere
enviar un mensaje de contundencia a EEUU.
Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la
Política China
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