domingo, 24 de noviembre de 2019

THOMAS PIKETTY: “PROPONGO UN IMPUESTO QUE PERMITA DAR A TODO EL MUNDO 120.000 EUROS A LOS 25 AÑOS”.

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“PROPIEDAD TEMPORAL Y HERENCIA PARA TODOS. Más allá de propuestas interesantes y en ocasiones ya formuladas, de reforzar la progresividad del impuesto sobre rentas y sucesiones; de desplegar una renta básica integradas en un dispositivo global sin sustituir la política social; de reinserción de los mercados en la línea de Karl Polanyi; o incluso de ampliación y profundización de la propiedad social de las empresas relacionada con la cogestión nórdica o alemana, el núcleo de la tesis pikettiana radica en la implantación de un impuesto anual y altamente progresivo “sobre la propiedad, para permitir financiar la dotación de capital para cada joven adulto y desplegar una forma de propiedad temporal y de circulación permanente de los patrimonios” Esta imposición anual de los patrimonios importantes permitiría una “difusión patrimonial”, que constituye hoy simultáneamente, el ángulo muerto y el callejón sin salida de toda la política contemporánea”.

“Esta herramienta fiscal tendría la ventaja de aplicarse a todos los activos, incluyendo los financieros, contrariamente al impuesto inmobiliario, y adaptarse con mayor rapidez a la evolución de la riqueza. Permitiría así no “esperar a que Mark Zuckerberg o Jeff Bezos cumplan 90 años para transmitir su fortuna y comenzar a hacerles pagar impuestos”. Si queremos que el 50% de lo más pobres detenten finalmente una porción no despreciable de las riquezas nacionales, necesitaremos para eso generalizar la noción de reforma agraria transformándola en un proceso permanente incluyendo al conjunto del capital privado”.

“Thomas Piketty llega incluso a establecer un esquema exhaustivo de esta evolución fiscal y mental. El impuesto anual sobre la propiedad y el impuesto sobre sucesiones, aportarían en total en torno al 5% de la renta nacional; cantidad que se emplearía totalmente en financiar una dotación en capital dedicada a los jóvenes adultos, por ejemplo de 25 años, en forma de “herencia para todos”; mientras que, el 50% de los más pobres hoy no reciben casi nada. Esto permitiría también un rejuvenecimiento de los patrimonios “lo que permite pensar que sería algo excelente para el dinamismo social y económico” Este impuesto no sustituiría al impuesto progresivo sobre la renta, en el que el investigador incluye las cotizaciones sociales y una tasa progresiva sobre las emisiones de carbono, permitiendo alcanzar casi el 45% de la renta nacional pudiéndose con ello financiar la totalidad del gasto público, en concreto la renta básica y sobre todo el Estado social: salud, educación, jubilaciones.

Resultado de imagen para Piketty la propiedad privada como el origen de las Desigualdades
  
“Este sistema designado con los términos de “socialismo participativo”, se basa en una propiedad social ampliada y en la invención de una propiedad temporal, según Piketty, no tiene “ya gran cosa que ver con el capitalismo privado tal y como lo conocemos actualmente”. Constituye en su opinión “una superación real del capitalismo” que permite trazar otra ruta, que no sea, ni el endurecimiento de la ideología del propietario, ni la retirada nativista. “Alguna de las conclusiones obtenidas pueden parecer radicales”, escribe el investigador, Y así sin duda las recibirán los socialdemócratas a quienes la obra parece en principio destinada. Sin embargo, la obra de Piketty, también obligará a posicionarse a la izquierda radical, y sobre todo a responder a la afirmación del autor, según la cual ciertas formas de organizar las relaciones de propiedad en el siglo XIX, “pueden suponer una superación del capitalismo mucho más real que la vía consistente en prometer su destrucción sin preocuparse de su sustituto”.

“No obstante, antes de que llegue a ser lo que pretende, a saber: un “antídoto a la vez contra el conservadurismo elitista y la esperanza revolucionaria de la gran noche” la obra del autor enfrenta el deber de superar dos tipos de límites: la definición estricta que propone a la vez del capital y de la ideología; y la política adecuada a desplegar para lograr que tal edificio revolucionario en términos fiscales e ideológicos, no se convierta en una fábrica de gas de papel. En efecto, la ambición de Piketty es tan loable como rara, dado que incluso los partidos de la izquierda radical apenas han producido, al margen de algunas consignas, auténticos proyectos para salir del capitalismo real. En tanto se trata de la condición sine qua non para acabar con el desastre climático, social y político contemporáneo, subsiste una duda sobre los medios teóricos y prácticos que el autor ofrece realmente al final de 1.200 páginas que pretenden, precisamente, ofrecer soluciones concretas para el análisis de situaciones concretas, parafraseando a Lenin. (Fuente. Capital e Ideología. De Thomás Piketty. La Propiedad es el mal).

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Thomas Piketty el 7 de noviembre en París.

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THOMAS PIKETTY: “PROPONGO UN IMPUESTO QUE PERMITA DAR A TODO EL MUNDO 120.000 EUROS A LOS 25 AÑOS”.
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Consagrado como uno de los economistas más influyentes de su generación, el francés disecciona en su nuevo libro las paradojas de la desigualdad y apuesta por un socialismo participativo

Marc Bassets

El País. España. Domingo 24 de noviembre del 2019.

Thomas Piketty (Clichy, 1971) se consagró hace cinco años como uno de los economistas más influyentes de su generación. Su libro El capital en el siglo XXI (Fondo de Cultura Económica) contribuyó a colocar las desigualdades de rentas y patrimonio en el centro del debate en Europa y Estados Unidos. Piketty, profesor en la Escuela de Economía de París, publica ahora Capital e ideología (Deusto). A lo largo de 1.200 páginas que cubren casi medio milenio y cuatro continentes, disecciona las ideologías que han justificado las desigualdades. Y fija el foco en la propiedad privada: la llave que todo lo explica.

PREGUNTA. Habla usted de “superar” el capitalismo y la propiedad privada. ¿Superar es un eufemismo? ¿Por qué no abolirlos, directamente?

RESPUESTA. Prefiero “superar”. Si dijésemos “abolir” o “suprimir”, sería meramente negativo. Superar permite mostrar que se trata de un proceso, y obliga a decir con qué sistema lo superaremos.
P. ¿El resultado, se “supere” o se “suprima” la propiedad, no es el mismo?
R. El buen resultado es el que funcione. Defiendo un sistema de socialismo participativo. También se puede hablar de economía participativa o circular. La idea es que necesitamos la participación de todos, no solo en la vida política, sino también en la económica. No puede haber una hiperconcentración del poder en un número reducido de personas. El poder debe circular. Y este movimiento está en marcha: el capitalismo hoy es diferente al del siglo XIX. El capitalismo puro consistiría en concentrar todo el poder en los propietarios y los accionistas, poder despedir a quien uno quiera y cuando quiera, o triplicar el alquiler al inquilino de la noche a la mañana. Un capitalista del siglo XIX vería como una herejía las reglamentaciones actuales para limitar los derechos de los propietarios.
 “Como no logramos regular el capitalismo, golpeamos a los extranjeros pobres”
P. ¿Las cosas mejoran?
R. Hay una evolución hacia una mayor igualdad. Las desigualdades, aunque hayan aumentado desde los años ochenta o noventa, son menores que hace un siglo. El mundo del siglo XIX, con una propiedad concentrada en unos pocos, no solo era injusto, sino que producía menos crecimiento que el que hubo en el siglo XX con la clara reducción de las desigualdades.
P. Este proceso hacia una mayor igualdad, ¿no es atribuible también a la propiedad privada y al capitalismo?

R. La cuestión es qué capitalismo. La lección de la historia es que la propiedad privada es útil para el desarrollo económico, pero únicamente si se equilibra con otros derechos: los de los asalariados, de los consumidores, de las diferentes partes. Yo digo sí a la propiedad privada, mientras se mantenga en lo razonable.

La propiedad privada puede ser emancipadora, pero también alienante

P. Podría explicarse la historia de Capital e ideología por medio de ideas como la libertad o la innovación. Usted opta por la propiedad. ¿Por qué?

R. El desarrollo de la propiedad privada es una transformación fundamental, con una dimensión emancipadora, ligada a la libertad, y a la vez una dimensión de alienación y de dominio. El paso de las sociedades que llamo trifuncionales del Antiguo Régimen, compuestas por los clérigos, los guerreros y el tercer Estado, a las sociedades de propietarios en el siglo XIX, tras la Revolución Francesa, representa un progreso. El problema es detenerse a medio camino: desarrollar la igualdad formal ante el derecho de la propiedad sin ir hacia la igualdad real, hacia la verdadera difusión de la propiedad. En el momento de la Revolución, no se hizo una gran reforma agraria en Francia. No se dio a los campesinos 10 hectáreas, ni se limitaron las propiedades individuales a 200 o 500 hectáreas. Otras sociedades lo hicieron. Cuando se ofrece a la gente la posibilidad de trabajar la tierra para sí mismos, se mejora la productividad. Lo mismo vale en general.

P. ¿En qué sentido?

R. La propiedad privada es un buen sistema para coordinar las acciones individuales y permitir a cada uno realizar sus proyectos, con una condición: que haya acceso a la propiedad. Y, en algunos casos, la sacralización del derecho de la propiedad convierte las relaciones sociales en algo brutal.

P. ¿Por ejemplo?

R. En los debates sobre la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, intelectuales liberales como Alexis de Tocqueville, consideraban que había que compensar a los propietarios de esclavos, en vez de a los esclavos. Y recuerde que en 1825 Francia hizo pagar a Haití —la mayor concentración de esclavos del mundo atlántico y la primera revuelta de esclavos en 1791-1792— el 300% de su PIB, con intereses enormes, por el precio de su libertad, y Haití lo arrastró hasta los años cincuenta del siglo XX. Ahí se ve la contradicción de la filosofía de la propiedad. Tiene una dimensión emancipadora y otra que sacraliza el derecho de la propiedad hasta tal punto que perpetúa las viejas desi­gualdades, incluso bajo su forma más brutal, que es la propiedad de seres humanos por otros seres humanos.

P. ¿Puede compararse la propiedad de esclavos con la propiedad de bienes no humanos?

R. El argumento entonces era que, si empezamos a redistribuir las propiedades, no sabremos dónde parar. Hoy, aunque las formas de propiedad sean diferentes, existe el mismo temor. Pienso que es posible debatir colectivamente para limitar la propiedad. Muchas personas lo rechazan diciendo, como Tocqueville, que, si se empieza a poner más impuestos a las personas que tienen mil millones, después serán los que tienen un millón y los que tienen 100.000 euros. Pero la historia muestra que, por medio de la deliberación democrática, se pueden encontrar límites a lo que es una propiedad privada razonable y lo que es una propiedad privada excesiva.

“Defiendo un sistema de socialismo participativo. Todos debemos intervenir en la vida económica”

P. Propone un impuesto del 90% sobre el patrimonio de los más ricos. ¿Por qué el 90% y no expropiarlos?

R. El objetivo es hacer circular la propiedad, permitir que todo el mundo acceda a ella. El impuesto sobre la propiedad permitiría financiar una herencia para todos de 120.000 euros a los 25 años. Ahora la mitad de la población no posee patrimonio. Aunque uno tenga un buen diploma y un buen salario, puede que una parte importante del salario sirva para pagar toda la vida un alquiler a hijos de propietarios y carezca de medios para crear su propia empresa.

 Resultado de imagen para los 8 millonarios del mundo

Los 8 billonarios que tienen más riqueza que el 50% de la población mundial más pobre. Es decir, 3,750 millones de habitantes. En el siglo XXI la super concentración de la riqueza, el principal origen hoy de las Desigualdades.


P. ¿Todos propietarios?

R. Quiero una sociedad en la que todo el mundo pueda tener algunos centenares de miles de euros, y en la que algunos que crean empresas y tienen éxito tengan unos millones de euros, quizá a veces unas decenas de millones de euros. Pero, francamente, tener varios centenares o miles de millones no creo que contribuya al interés general. Hoy tenemos muchos más ricos con mil millones o más en Estados Unidos que en los años sesenta, setenta u ochentaLa promesa de Ronald Reagan en los años ochenta era que se reducirían los impuestos para los empresarios y que, aunque esto crearía más desigualdades, no sería grave porque habría tanta innovación y crecimiento que los salarios e ingresos aumentarían como nunca. Lo que se observó fue que el crecimiento se dividió en dos.

“Zuckerberg tuvo una buena idea a los 25 años. ¿Justifica eso que a los 50 continúe decidiéndolo todo sobre una red social mundial?” 

P. En Europa no hubo revolución reaganiana, pero tampoco la innovación de Silicon Valley.

R. El problema es que esta innovación tampoco se traduce en un crecimiento de los ingresos. Lo que me interesa es el crecimiento y los salarios, y el crecimiento en Estados Unidos se redujo a la mitad. Hay dos razones. Reducir los impuestos a los más ricos y tener más milmillonarios no aporta nada al crecimiento. Pero la verdadera razón fue que se estancó la inversión en educación. El resultado es que hoy muchas personas van a la universidad sin los medios que necesitarían.  

La lección es que lo que llevará al crecimiento en el siglo XXI es, ante todo, la educación.

P. ¿Por qué los milmillonarios deben pagar un 90%? ¿Por qué esta cifra y no otra?

R. Un 90% a quien tenga 1.000 millones de euros significa que le quedarán 100 millones de euros. Con 100 millones todavía uno puede tener un cierto número de proyectos en la vida. El objetivo es regresar a un nivel de concentración de la fortuna que era más o menos el de los años sesenta, setenta u ochenta en Estados Unidos y en Europa. Mi enfoque es empírico. Lo que queremos evitar es la sedimentación. Mark Zuckerberg tuvo una buena idea a los 25 años. Pero, ¿esto justifica que a los 50 o 70 años continúe decidiéndolo todo sobre una red social mundial?

P. Si no se hace nada ante el aumento de las desigualdades, ¿qué ocurrirá?

R. El riesgo es una explosión de la Unión Europea, otros Brexit. O bien una toma del control por parte de movimientos xenófobos. Puesto que no logramos regular el capitalismo, hacer pagar impuestos a los más ricos y tener una economía más justa, nos desatamos golpeando a los pobres de origen extranjero. Lo hemos visto en la historia europea, o de Estados Unidos con la segregación racial. Mejor no probarlo.

“Macron decidió exonerarme del impuesto sobre la fortuna. Me habría gustado pagarlo”

P. ¿Usted es propietario?

R. Sí. Pero el presidente Emmanuel Macron decidió exonerarme del impuesto sobre la fortuna [en Francia, el impuesto de solidaridad sobre la fortuna o ISF se suprimió en 2017 y se sustituyó por el impuesto de solidaridad sobre la fortuna inmobiliaria o ISI, que no se aplica al patrimonio financiero].

P. ¿Le habría gustado pagarlo?

R. Sí. Cuando uno escribe un libro como El capital en el siglo XXI, del que se venden 2,5 millones de ejemplares, no significa que sea mil veces mejor que aquellos de los que se venden 2.500 ejemplares. En parte es la suerte. Y me beneficié de las ideas de colegas y del sistema educativo francés. Es una ilustración perfecta de que las rentas y la propiedad siempre tienen orígenes sociales. No lo inventamos todo nosotros solos. Desde el momento en que uno obtiene altos ingresos, se ha beneficiado de muchas otras personas. Mi experiencia ha confirmado mis convicciones.

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