sábado, 11 de agosto de 2018

LA CLASE OBRERA YA ESTA ROTA.

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EL DIÁLOGO RESPONSABLE Y LA UNIDAD ANTE LA DIVERSIDAD ÉTNICA.- La diversidad étnica es la coexistencia de las diversas razas que existen alrededor del mundo y que difieren en el color de la piel, el lenguaje o las costumbres. Debemos distinguir los términos principales dentro de la diversidad cultural o de etnia. La diversidad es el término que alude a la pluralidad de elementos de un determinado ámbito. La cultura es el conjunto de características que permiten la distinción de una sociedad en relación a los aspectos materiales, espirituales, emocionales e intelectuales.

“Por último, las etnias son comunidades humanas que tienen como punto común una afinidad cultural y hace que los miembros de la misma se sientan integrados. La variedad étnica y cultural es la variedad de diferentes culturas dentro de un grupo de personas o región. La pluralidad de etnias representa un valor cultural del país. Por ejemplo, en la zona de América del Sur, existen gran cantidad de etnias que provienen de los indígenas por lo que coexisten muchas lenguas y costumbres juntas”.

“Que rasgos distinguen  a las etnias?.- Los principales rasgos que distinguen a las etnias son el color de piel, la lengua y la religión, pero también podemos incluir como rasgo de distinción la estructura social, la dieta, la música, el arte… En conjunto, cualquier rasgo atribuible a la cultura humana puede ser un rasgo distintivo de las distintas etnias o culturas”.

“Podemos definir el concepto de interculturalidad como la interacción de dos o más culturas de modo sinérgico. Con este concepto, nos planteamos en una situación en que ninguna de las culturas existentes está situada por encima de otra jerárquicamente. Esto favorece la integración de las culturas y forma parte del patrimonio humano. Existen organismos gubernamentales encargados de proteger la diversidad cultural, siendo el más importante de todos ellos la UNESCO. Este tiene una tendencia hacia la uniformidad cultural, por eso en 2001 se firmó un tratado sobre la protección de la Diversidad Cultural”.

“La diversidad cultural y las etnias. La diversidad cultural es considerada como la fuerza del desarrollo sostenible, para un complemento intelectual y moral, y no basarse sólo en el crecimiento económico. La cultura es una parte esencial de la sociedad, y el reconocimiento de las distintas culturas y el valor que se les atribuye ayuda a fomentar la interculturalidad de la sociedad”.

“La identidad cultural de cada una de las etnias existentes en el mundo es la afirmación y vinculación con la realidad. La identidad forma parte de la cultura y le da sentido y forma. Para muchos grupos, la identidad cultural se reafirma como oposición a la globalización y homogeneización que está sufriendo la sociedad a escala global. En muchos puntos del mundo, el nudo de culturas que conviven provoca conflictos y malentendidos identitarios”.

“Llegados este punto, podemos hablar de multiculturalidad. Esto implica la coexistencia de varias culturas en un lugar. Y dentro de este término, podemos considerar a la persona de otra etnia como distinta, pero no por ello necesariamente inferior. A lo largo de la historia hemos visto como muchas sociedades han obligado a otra cultura a desaparecer, ya sea por etnocidio directo o de formas menos violentas. La existencia de una sociedad intercultural lleva a considerar la convivencia entre individuos de una sociedad, reconociendo al otro como distinto sin necesidad de apartarlo, sino que busca la cooperación, la comprensión y el respeto por parte de todas las culturas”.


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Pintura de Angela Davis.THIERRY EHRMANN.
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LA CLASE OBRERA YA ESTA ROTA.
“Diálogo democrático ante el Discurso a la Diversidad de la Raza”.
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Pastora Filigrana García.

CTXT.

Sábado 11 de agosto del 2018.

El discurso de atención a la diversidad de la raza y el género es fundamental para reconstruir la unidad de lucha en todos los frentes.

“El discurso de la diversidad pone en peligro la unidad de la clase obrera”. Últimamente ha reaparecido con fuerza está alerta. Frente a las lecturas neomarxistas de las últimas décadas que señalaban que la opresión del neoliberalismo no se estructura únicamente a través de la explotación laboral, sino que existen otros dispositivos de opresión como la raza o el género, se lanza esta advertencia: “El discurso de la diversidad es un triunfo del neoliberalismo porque esconde o diluye la opresión principal, que no es otra que la opresión de clase”.

A continuación, expongo una reflexión sobre la menor o mayor veracidad que esconde esta alerta, e invito a cuestionarla desde una mirada situada, llamando a la prudencia. Esta reflexión la hago desde mi propia mirada y mi vivencia de la raza, el género y la clase. Soy mestiza gitana, y he dedicado una parte importante de mi vida al activismo gitano, soy sindicalista activa, abogada laboralista y de ideología comunista-libertaria.

Los discursos de la diversidad no rompen la clase obrera, la clase obrera ya está rota. La explotación capitalista y el chantaje de la renta a cambio de fuerza de trabajo se manifiestan con diferente violencia según el grado de “humanidad” que el sistema otorga a la persona trabajadora a partir de la raza, el género o el territorio que habita. En el Norte Global las luchas sindicales pueden articularse, organizar protestas, huelgas, o acciones sin que peligre la vida. No es cuestión de minusvalorar la represión que sufrimos, y que conozco de primera mano, pero la vida está a salvo. En el Sur Global, imaginemos las maquilas asiáticas, estas prácticas de lucha suponen no ya la represión sindical, el despido o la multa sino que ponen en juego verdaderamente la integridad física y la vida. 

El discurso que llame a la unidad de la clase obrera frente a la explotación capitalista tiene que hacerse cargo de esta diversidad de situaciones que se padecen. El discurso homogeneizador de “todos somos la misma clase obrera” sin matices y sin integrar estas diferentes situaciones de partida no es eficaz para la unidad, y la historia ha demostrado que fracasa porque deja fuera muchas formas de vida. El discurso de atención a la diversidad de la raza y el género es fundamental para reconstruir una clase obrera que ya viene rota por estas diversas violencias.

El neoliberalismo imbrica varios dispositivos de explotación que se retroalimentan: el racismo, el colonialismo, el patriarcado y el capitalismo. Son varias cabezas de un mismo cuerpo monstruoso. La emancipación pasa sin duda por articular discurso y prácticas de lucha en todos los frentes, y para eso es esencial la atención a las diversas manifestaciones del monstruo.

Cuando Silvia Federici, anticapitalista y marxista, advierte sobre cómo la explotación no únicamente está en la plusvalía, y pone la atención en el trabajo de cuidados invisible que realizan las mujeres en el ámbito familiar, no está dividiendo la clase. Está llamando a sumar un sujeto, la mujer cuidadora, que hasta ese momento se quedaba fuera porque el discurso marxista-obrerista se había quedado estrecho.

Cuando Angela Davis, comunista, pone en el centro del discurso la raza como paradigma de explotación no está rompiendo la clase, está incluyendo a un sujeto que se quedaba fuera por la violencia específica que sufría desde su posición de raza que no estaba siendo respondida desde luchas obreras. Cuando Sirin Adlbi habla de islamofobia y de cómo el capitalismo necesita construir al otro para justificar su acumulación destructiva no rompe la clase, está señalando cómo se manifiesta la opresión desde la posición de su comunidad y proponiendo una estrategia de lucha propia que responda a esta violencia.

Los discursos y las prácticas de lucha y resistencia no son universales. La hegemonía blanca y occidental se cuela incluso en los discursos contra-hegemónicos y convierte en universal sus formas de resistencia y lucha. Es imprudente que un obrero blanco y occidental quiera hacer universal que la primera lucha es la liberación de clase, es decir liberarse de la explotación laboral. Es osado porque quizás, desde su posición en el mundo, es la única opresión que padece, y por eso la hace centro y pretende universalizarla. Pensar de manera situada es valorar que quizás en un gueto negro estadounidense la represión que se sufre pase más por la raza que por la clase y que la represión policial racista suponga el centro de la lucha, y no tanto la cuestión sindical en un centro de trabajo. Por supuesto que la violencia es por la raza y por la clase, porque son pobres, pero son las personas que padecen violencia específica quienes deciden, de manera colectiva, qué ponen en el centro de su estrategia emancipatoria.

Darle protagonismo a la liberación racial no está rompiendo la clase porque la lucha antirracista es una lucha anticapitalista; el capitalismo necesita para su mantenimiento de esta división racial y colonial del mundo.

Los discursos y las estrategias de resistencia están allí donde haya una comunidad oprimida. Construir la emancipación desde estas estrategias de lucha propia y no estar obligados a mimetizar los modelos de la Europa blanca. Esto es la diversidad. Cuando abogo porque el pueblo gitano tiene sus propias prácticas de autogestión de conflictos o de mutualismo de base sin necesidad de parafrasear a Kroptkin, no estoy cuestionando la teoría del apoyo mutuo, sino estoy haciéndola cercana a gente que le queda lejos porque es distinta; es decir, no forma parte del paradigma blanco europeo.

Las alertas sobre cómo determinados discursos de la diversidad posmoderna conllevan la frivolización de los planteamientos políticos pueden ser muy necesarias, pero deben hacerse con prudencia y saber que se está hablando desde una mirada concreta y no universalizando nuestras experiencias. Hay que ponerse en estado de duda y pensar que quizás no todas las violencias pasan por las mismas jerarquías que las que padecemos en un territorio o un cuerpo determinado.

Son importantes y necesarias las llamadas de atención sobre el sectarismo que puede existir en grupos que reivindican la diversidad, pero, si verdaderamente creemos en la unidad de las luchas, estas críticas deben buscar el diálogo y no el enfrentamiento. Enfrentarse con quienes “rompen la clase” sólo alimenta una dinámica de atomización de las luchas y no suma en colectivo.

Nos enfrentamos a un monstruo de mil cabezas, y difícilmente saldremos de esta con un único discurso y práctica de lucha. Va a hacer falta un diálogo amplio y una escucha atenta a las diferentes manifestaciones de violencia de estas cabezas. La unidad de lucha que aspiramos sin duda pasará por tener en cuenta la diversidad.

Pastora Filigrana García es abogada y activista por los derechos humanos. Pertenece a la Red Antidiscriminatoria Gitana (RAG) Rromani Pativ.

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